Dado que la taza no está todavía en el mercado, aún se desconoce su
impacto ambiental final, pero la empresa afirma haber ganado ya cientos
de premios en los ámbitos de la ecología, el marketing y el diseño. No es el único proyecto de este tipo. Otro ejemplo es el de un profesor de Harvard que ha desarrollado una serie de envases y envoltorios biodegradables que tienen el mismo sabor que el contenido y se pueden comer.
Cualquier esfuerzo por cambiar la cultura moderna de "usar y tirar", que produce a diario toneladas de resíduos, es digno de aplauso. Sería deseable que otras cafeterías y restaurantes de comida rápida como Starbucks o McDonalds siguieran su ejemplo.
Vía Fast CoExist


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